Cáncer de ovario, ¿reducimos el consumo de lácteos?

Nuestros "amigos" los lácteos

Un metaanálisis de 21 estudios que examinó la relación entre el consumo de lácteos y el riesgo de cáncer de ovario encontró que cada 10 gramos de lactosa consumida a diario (la cantidad que hay en un vaso de leche) se incrementaba el riesgo de cáncer de ovario un 13%.

Otro estudio de Harvard mostró un alto riesgo de cáncer de ovario entre mujeres que aumentaron el consumo de lactosa, el azúcar de la leche. El estudio encontró un incremento del riego del 19% en aquellas que consumían más de 30 gramos de lactosa al día, equivalente a 3 o más vasos de leche. Durante el proceso digestivo, la lactosa produce glucosa y galactosa. La galactosa se cree que tiene efectos tóxicos para los ovarios de aquellas mujeres que no la eliminan ni metabolizan rápidamente.

Al contrario, consumir productos fermentados de la soja reduce su riesgo. Aquellas mujeres que consumen 3 miligramos de isoflavonas al día, tienen un 44% menos de riesgo que las que consumen menos de 1 miligramo. Productos como el tofu, el miso, la salsa de soja o tamari, el tempeh,… contienen, de media, entre 20 y 50 miligramos por ración dependiendo de su proceso de producción.

También el consumo de huevos está asociado con un riesgo mayor a desarrollar cáncer de ovario.

Y no solo los lácteos o huevos están relacionados con el cáncer de ovario, también con el de próstata y testículos, así como con el de cáncer de pecho.

En Asia donde su alimentación se basa mayoritariamente en cereales integrales, verduras, frutas, tofu y otros derivados de la soja y donde la leche no es parte de su dieta de manera tan normal como en la nuestra, el cáncer de pecho es mucho más excepcional que lo es en Europa o Estados Unidos.

Pero entonces la duda que nos asalta siempre es, “y si no tomo leche, ¿de dónde obtengo el calcio?” Pues aunque nos parezca increíble tenemos a nuestra disposición muchos otros alimentos con la misma o mayor cantidad de calcio que la leche, pero en este caso, fácilmente absorbible por el cuerpo y sin efectos secundarios:

  • Verduras: Acelga, berro, brécol (brócoli), col (repollo), espinaca, hojas de diente de león, hojas de mostaza china (bok choy), hojas de nabo, perejil (crudo), ruibarbo.
  • Algas: dulse, hijiki, kombu, wakame, agar-agar.
  • Pescado: (en la espina está la mayor fuente de calcio) Ostras, sardinas (en lata, con espinas y escurridas)
  • Legumbres: Garbanzos, judías negras, judías pintas, tempeh, tofu
  • Frutos secos y semillas: Almendras, avellanas, pipas de girasol, semillas de sésamo
  • Las hojas de estas hierbas: Artemisa, Consuelda mayor, diente de león, frambueso y Llantén (1 cucharada aporta 150-200mg de calcio)

Para que os hagáis una mejor idea:

  • 1 taza de hijiki contiene 610 mg de calcio.
  • 1 taza de leche entera de vaca 288mg.,
  • 1 taza de almendras 300mg,
  • 1 taza de col verde 300mg.,
  • 100gr de sardinas en lata también 300mg.,
  • 3 cucharadas de sésamo (molido para que se absorba mejor): 300mg.

Sé que cuesta romper con lazos que nos crean desde que nacemos y que la sociedad alienta ya sea por desconocimiento, por tradición o por intereses económicos. Pero yo os animo al menos a reducir el consumo de lácteos. Os aseguro que se puede vivir sin ellos sin ningún tipo de problema y estoy convencida de que vuestra salud os lo agradecerá.

Os cuento un caso muy cercano. Mi madre tiene osteoporosis muy avanzada. Este verano por iniciativa propia y sin contárselo a su doctora, decidió suspender el consumo de un medicamento que le habían prescrito para aumentar su nivel calcio. Este medicamento tenía aspartamo y fue la razón que esgrimió para suspenderlo. Todo sea dicho de paso, a día de hoy ese medicamento se ha retirado del mercado. Pero lo que os quería contar es que cuando 6 meses después mi madre se ha realizado los análisis de rigor que revisan sus niveles de calcio, éste se había incrementado y estaban en niveles normales. A día de hoy el miso, el wakame y el sésamo entre otros, forman parte de su alimentación diaria.

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Ana B. González. Salud y Nutrición. Marzo 2014.